Un camino activo hacia el bienestar
Hoy en día estamos rodeados de información que promete bienestar, especialmente para quienes conviven con dolor o buscan sentirse mejor en su día a día. Vivimos a un ritmo acelerado y, muchas veces, esperamos encontrar bienestar de la misma forma: rápido, inmediato, externo. Buscamos la solución en un suplemento, en un medicamento o en lo que vemos en redes sociales.
Pero ¿nos detenemos realmente a observar qué pasa con nosotros? En nuestra intimidad, en nuestro mundo interno, en nuestras emociones, relaciones, movimiento, descanso y alimentación.
El dolor como una experiencia compleja
El dolor, según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), se define como una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada o similar a una lesión tisular real o potencial. Es siempre una experiencia personal, influenciada en distintos grados por factores biológicos, psicológicos y sociales.
Desde esta mirada, es fundamental comprender que el dolor es una experiencia compleja, que requiere un abordaje integral y respetuoso de la persona en su totalidad.
Movimiento, hábitos y compromiso con el bienestar
En mi quehacer profesional me encuentro a diario con personas que desean sentirse mejor porque conviven con dolor. Al conversar y profundizar en sus historias, muchas veces el relato se repite:
— ¿Realizas ejercicio físico?
— Me muevo mucho en el trabajo, voy a dejar y buscar a los niños.
— ¿Pero tienes un espacio de ejercicio con tiempo y frecuencia definidos?
— No.
— ¿Realizas alguna actividad que disfrutes?
— No tengo tiempo.
— ¿Duermes de manera reparadora?
— No, despierto varias veces durante la noche.
En definitiva, muchas personas buscan una receta mágica o un medicamento que alivie todos sus síntomas, mientras que el compromiso con hábitos que sostienen el bienestar suele ser bajo. Esto representa un gran desafío, tanto para quienes acompañamos estos procesos como para cada persona que desea vivir con mayor bienestar.
El bienestar como un proceso, no como destino
Durante mucho tiempo se nos ha enseñado que el bienestar se alcanza cuando el dolor desaparece, cuando el cuerpo responde, cuando “todo está bien”. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) plantea que el bienestar no es solo la ausencia de enfermedad, sino que incluye dimensiones físicas, mentales y sociales, influenciadas por factores emocionales, laborales, económicos y ambientales.
Mi experiencia personal y profesional me ha mostrado que el bienestar no es un destino, sino un proceso que se construye día a día, desde una relación activa y consciente con el cuerpo, el entorno y el contexto que nos rodea.
Este blog nace como un espacio para compartir conocimiento, estrategias y reflexiones sobre movimiento, dolor y bienestar. Si estás aquí, quizás también estés buscando una forma más amable y consciente de habitar tu cuerpo. Y si es así, quiero acompañarte en ese proceso.